El detrás de cámara

 

“El detrás de cámara”

De la presunta ternura de la imagen a la presente ternura del trato y el procedimiento.

 
por Lic. Valeria Paula Castellanos

 
Con el objetivo de releer desde una posición crítica los efectos del edadismo en situaciones que se naturalizan a través de los años, las gestiones, y las “indigestiones” que sentimos al ver el uso de la imagen de adultos y adultas mayores para tributo y no para elles, que son mucho más que eso que se pretende mostrar, pretendemos hacer un análisis desde la teoría de la complejidad, que dé cuenta de que esto no es un hecho aislado, sino parte de una compleja trama de desigualdades y estigmatizaciones que no se reducen a fallas de un sistema que no funciona, sino que se constituyen en daños que ese sistema produce por acción y omisión.

Como trabajadora estatal de hace más de 10 años en un organismo público que se ocupa, entre otras tareas de entregar actas de escrituras a sujetos/sujetas y familias que no podrían obtenerlas por medio de la acción privada, he observado sistemáticamente el accionar de los trabajadores y trabajadoras de prensa, que por indicación de las diversas gestiones fotografía y sube a redes y a diversos materiales políticos y partidarios, imágenes de infancias, personas con discapacidad y adultos mayores en compañía de funcionarios y funcionarias de turno, con una sistematicidad evidente. Esa imagen tierna que pareciera intentar expresarse, me ha generado y aún genera numerosas contradicciones y entiendo, encubre una versión del Estado que se vuelve estragante, cuando intentando mostrar inclusión, demuestra una falta de entendimiento y de compromiso con esas tres áreas, que requieren cuidados, y atención con particularidad.

Para empezar a pensar algunas aristas del tema, que se presenta complejo desde varias intersecciones pienso, si las fotos, fueran producto de un tratamiento especializado, sobre determinados expedientes, que fueron atendidos con lógicas particulares, que involucran ciertos criterios, acciones y tiempos específicos de tratamiento, teniendo en cuenta las características y necesidades de cada una de las poblaciones, serían imágenes que en acto demostrarían la atención que esos sectores requieren, entonces podríamos pensar cierta “ternura” (entendida según lo define la RAE como un trato particular a un sector particular que lo requiere) en el procedimiento hecha acto, pero, cuando esas imágenes, sólo son producto de una selección secundaria, en el evento que cierra un largo proceso de años de relevamientos, documentaciones, pruebas y trámites infinitos, como suele requerir el proceso de escrituración de un barrio, da cuenta de otra situación, habla de otra escena, donde la ternura no es un acto, sino sólo una imagen. El objetivo, de esa “ternura” ya no es responder como el sector lo necesita por las particularidades de la etapa, sino, mostrar que ese sector es “beneficiado” como si ellos/ellas fueran garantía de cierta sensibilidad del Estado hacia esas áreas.

Los dispositivos estatales, al menos, en lo respectivo a tierras y vivienda, no suelen tener sistemas donde se prioricen esquemas de atención a grupos sociales particulares, por sobre todo donde la edad sea un criterio de atención. Esa posibilidad, aceleraría procesos, permitiría que de modo seguro se acceda a la finalización de trámites escriturarios, permitiría proyecciones familiares, respecto a herencia y cuidado de los bienes, posibilitaría también que los procesos no sean engorrosos, ni se pierdan en el camino por dificultades, que bien atendidas, y no relegadas a la buena predisposición de los y las trabajadoras, serían bien resueltas con estrategias previamente elaboradas. Esas estrategias, esfuerzos, no pueden quedar en manos del buen día o mal día de trabajador/trabajadora estatal, sino que deberían estar sistematizadas y fundamentadas en una teoría compleja que entienda la necesidad de construir herramientas, para que a través de la empatía social con los/las/les adultes mayores, se vaya progresivamente disminuyendo las inequidades que sufre el colectivo.

Pobres, mujeres, infancias, personas con discapacidad, adultos/adultas mayores, singularizades frente a las cámaras e invisibilizades detrás de cada expediente.

Algunas imágenes para ver, pensar y pensarnos:

 
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Algunas ideas para leer, pensar y repensarnos:

Convergen y recurren éstas imágenes. ¿Las levantan los medios para cierto uso editorial con criterios propios? De seguro, y de seguro entonces, sería muy interesante pensar en cómo los medios masivos de comunicación abordan estas temáticas, cuáles son sus prácticas y por sobre todo cuál es su ética. Pero eso sería abrir otro mundo de análisis y preguntas, y ésta vez, acoto la pregunta a quienes producen esas fotos, al discurso que sostiene a quienes hacen levantar a esos/esas sujetos particulares para que reciban de manos de los/las funcionarios su escritura y permitan el producto, la foto “tierna”.

Ahora bien, pensemos en el mal uso de la ternura. Creo es interesante pensar esa acción como violencia, como una verdadera “violencia simbólica” que impacta sobre los/las adultos mayores (como en los/las niñas, los/las personas con discapacidad). Violencia simbólica entendida desde las conceptualizaciones del sociólogo francés Pierre Bourdieu, quien plantea un tipo de violencia que “arranca sumisiones”, que se caracterizan porque ni siquiera se perciben como tales, al decir del autor, por apoyarse en expectativas colectivas, en “creencias socialmente inculcadas”. Juan María Fernández plantea en su texto “La noción de violencia simbólica en la obra de Pierre Bourdieu: una aproximación crítica”, que, en Bourdieu, la noción de violencia simbólica es inseparable de sus investigaciones sobre la dominación simbólica y sólo puede interpretarse adecuadamente en el contexto de su teoría de la práctica. Plantea qué: “El regalo generoso que no puede ser correspondido con un contra don y esto es es un medio más suave y  util que el préstamo de crear una obligación duradera que vincula al perceptor con el donante en una relación de deuda personal. Dar es también un modo de poseer, una manera de atar a otro ocultando el lazo en un gesto de generosidad”. Esto que el autor lee como violencia simbólica, dice contrastar contra con la violencia abierta del usurero, y dice, que transforma las relaciones de dominación y de sumisión en relaciones afectivas, el poder en carisma. Esos elementos dan luz para poder ver con mayor claridad la confusión de las imágenes, donde aparece esa “traslación” de “afectos”: El poder en carisma, el uso en ternura. Y a partir de allí el conflicto, ya que como dice Bourdieu, “... el reconocimiento de la deuda se convierte en agradecimiento…”. O sea, el acceso a un derecho humano, la tierra, el acceso justo al hábitat, se agradece, cuando en realidad se debía. Y suma el autor, para que sigamos pensando: “... Esta alquimia simbólica produce, en beneficio de quien lleva a cabo los actos de eufemización, un capital de reconocimiento que le reporta beneficios simbólicos, susceptibles de transformarse en beneficios económicos…” El más allá de la ternura requiere una lectura desde la complejidad muy atenta a esto.  

Si bien, consultando las legalidades de la toma de imágenes, reguladas por el Artículo 53 del Código Civil y Comercial de la Nación, para captar o reproducir la imagen o la voz de una persona, se plantea la necesidad de consentimiento en todos los casos, y de cualquier modo que se haga, pero se excluye a las personas que participen en actos públicos, como así también si existiera un interés científico, cultural o educacional prioritario, y se tomen las precauciones suficientes para evitar un daño innecesario; y si se tratare del ejercicio regular del derecho de informar sobre acontecimientos de interés general, por lo tanto, no resultan ilegales ni inconvenientes las imágenes todas en actos, pero sería interesante revisar el concepto de “consentimiento” incluyendo una lectura crítica sobre el porqué y por sobre todo sobre el para qué de la foto, ya que no pareciera ser para la construcción de un relato familiar, donde la imagen haga de memoria de un acontecimiento, sino donde se encubre un uso que quizá, entendido y revelado, podría generar distintas respuestas en los/las sujetos a quienes se les solicita la fotografía.  

Eso último planteado, sería considerar el más allá de la foto, de la mano del más allá de expediente y del acontecimiento. Sería poder pensar alguna propuesta superadora que considere al/a la sujeto, a quien no se le está obsequiando nada, sino entregando una prueba del derecho adquirido por ser un sujeto/a ciudadano.

Una imagen más para seguir pensando:            

El programa “Fomerrey a tu casa” va dirigido a las personas que por causa de invalidez se encuentra postrado en cama, o bien, es de la tercera de edad

La imagen corresponde a la ciudad de Fomerrey, Monterrey, México, retrata también a una entrega de escrituras, pero que se realiza a domicilio. 

Algunas preguntas. La primera, ¿Era necesaria la foto? ¿Qué se pretende mostrar? ¿estaba esa familia en condiciones de recibir funcionarios/funcionarias en ese momento? ¿Quién debería agradecer a quién? ¿Qué se debería agradecer? ¿Cómo pensar en el trato digno y la ternura allí, donde se puede ver? ¿Qué refleja cada mirada? ¿Qué es lo que está en primer plano?

Si bien podríamos pensar de la última imagen presentada, que es muestra en un verdadero plan estatal, que considera las características poblacionales, y evalúa la entrega a domicilio de las actas escriturarias, la foto me habla de otra cosa, y pareciera, como en las anteriores, querer mostrar un Estado amable, tierno que va a domicilio a "obsequiar" algo, cuando encubre una falla profunda, donde en el fondo los/las adultos mayores, en determinadas condiciones de vulnerabilidad, recién reciben su derecho al hábitat digno, luego de años de grandes esfuerzos y privaciones.

La propuesta superadora, seria, un verdadero plan de escrituración donde se prioricen comunidades específicas, se agilicen procesos, se pongan a disposición recursos y se recorten los tiempos burocráticos, y si hubiera algo que mostrar, debería ser el logro de ese proceso acelerado y acorde, y no la evidencia de la falta del mismo. Estamos pensando en el derecho a la vivienda, al hábitat digno, de los derechos humanos universales como se plantea en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en la Convención Americana sobre Derechos Humanos, donde sólo puede realizarse el ideal del ser humano libre, exento del temor y de la miseria, si se crean condiciones que permitan a cada persona gozar de sus derechos económicos, sociales y culturales, tanto como de sus derechos civiles y políticos.

Para ir cerrando, me vuelvo a preguntar, porque el cuestionamiento al Estado y no a los medios, porque como lo plantea Bourdieu, “Si el Estado está en condiciones de ejercer la violencia simbólica es porque se encarna a la vez en la objetividad bajo forma de estructuras y de mecanismos específicos y en la «subjetividad» o, si se prefiere, en los cerebros, bajo la forma de estructuras mentales de percepción y de pensamiento. El Estado emplea la violencia simbólica para reforzar la representación legítima del mundo social”. Entonces, es allí, donde se debe transformar.

En el curso que durante el corriente año realizó el Ministerio de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual y que promueve el Estado Provincial, llamado “Uso del Lenguaje Inclusivo en la Comunicación Pública para Trabajadoras y Trabajadores del Poder Ejecutivo” se proponen incluir recomendaciones no sólo con perspectiva de género, sino también con una perspectiva de ampliación de derechos. Es interesante pensar cómo se le propone a los equipos de comunicación pensar las tensiones en la misma, plantean: “En los últimos años se vienen produciendo importantes cambios culturales impulsados por los movimientos feministas y colectivos de la diversidad sexual que están poniendo en tensión qué y cómo nombramos. En la actualidad, las discusiones sobre el lenguaje inclusivo en la lengua castellana se encuentran instaladas por doquier, con voces a favor y en contra. Las discusiones son amplias, lejos están de agotarse y este curso no pretende saldarlas. Si somos conscientes de que el lenguaje participa en la distribución del poder en una sociedad, por eso es importante que las políticas públicas y las estrategias comunicacionales reconozcan y comprendan las tensiones en juego al momento de construir mensajes”. En la última clase de dicho curso, hay un apartado que se refiere específicamente a adultos mayores y allí dice: “El envejecimiento de la población es considerado uno de los fenómenos globales de mayor impacto en este siglo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la proporción de los habitantes del planeta mayores de 60 años se duplicará entre los años 2000 y 2050, pasando del 11 al 22%. La visión negativa de la vejez provoca, entre otras cosas, el aislamiento social de las personas adultas y los adultos mayores. Si bien es cierto que se vienen desarticulando prejuicios y estereotipos arraigados con relación a esta etapa de la vida, todavía persisten ciertas estigmatizaciones. Las recomendaciones sobre una comunicación inclusiva hacia las personas adultas mayores apuntan a no perder de vista que son seres pensantes, deseantes y sensibles, que participan activamente del entramado social”. A partir de esta conceptualización de base, plantean una serie de recomendaciones léxicas, que van, desde recomendar los términos “adultas y adultos mayores, personas adultas mayores, para nombrar a quienes atraviesan esta etapa de la vida, a nombrar “vejez” a dicha etapa, antes que tercera edad y plantear evitar los términos “vieja/viejo/” por el sesgo despectivo de que podrían adquirir esas palabras, como así también “abuela/abuelo”, porque dan por descontado el ejercicio de ese rol, que no todas las personas adultas ejercen, y aun cuando lo hicieran, un rol no define ni agota lo que una persona es, por último plantean que se debe estar atentos/atentas a no asumir la heterosexualidad de las personas, dicen: “No todas las personas mayores son heterosexuales. Esto no debe preguntarse, pero debe habilitarse el marco para que la persona se sienta segura de no ser juzgada por su orientación sexual”.

En este material, y en el concepto integral del curso se ve la intención de producir un cambio profundo en el modo de comunicar y producir materiales por parte del Estado, pero es importante considerar que es un curso optativo, que no tuvo llegada a todas las áreas de prensa de los diferentes organismos y que no generó instancias de debate, evaluación o control sobre las producciones, gráficas, ni escritas. Por lo tanto, es una interesante invitación, sin un alcance verdaderamente programático. De seguro, con estas herramientas sería posible realizar una revisión crítica del uso de las fotos de niños y niñas, adultos y adultas mayores, y personas con discapacidad a la hora de los actos políticos/partidarios.

Para poder pensar un verdadero nuevo modelo, es importante tomar los conceptos volcados en el texto “Uso y abuso del concepto de complejidad” de Roberto Orden, entendiendo como dice el autor que “...la construcción del proceso del envejecimiento poblacional, no se agota con la participación de políticos, profesionales ni técnicos, demanda también y centralmente, la presencia protagónica de los propios mayores, dando cuenta de sus necesidades, problemas y prioridades por fijar. También requiere de profesionales, obreros, empresarios, madres de familia, religiosos, policías, maestros, comerciantes, niños, artesanos, músicos, en síntesis, un tejido social comprometido con la temática… Urge la aparición de un NUEVO SUJETO COLECTIVO organizado en pos de ilusiones compartidas, cuyos integrantes asuman la decisión de protagonizar aquellas intervenciones que desborden los actuales límites corporativos y sectoriales. En su defecto los problemas sistémicos de los mayores seguirán siendo tratados como “complejos” para justificar el no hacer nada con los mismos”. Se trata entonces, de movimientos, acciones, criterios, que vayan transformando la realidad, pero a la luz de una nueva ética, que cuestione el edadismo, que entienda, como dice el mismo autor, que “... lo que sucede con los y las mayores no es el mero resultado de casos aislados, inexplicables, o provenientes de conductas desviadas o patológicas provenientes de algunos sectores sociales. Por el contrario, se trata de prácticas aprendidas, conscientes y orientadas, producto de una organización social estructurada culturalmente, sobre la base de la desigualdad”. Es entonces necesario poder pensar las transformaciones en clave de estrategias, desde una teoría de la complejidad, donde siguiendo nuevamente al autor: “... debe contemplar una estrategia que relacione, de un modo dialógico, los aspectos económicos (de la seguridad social) con todas aquellas áreas de la cultura donde el edadismo no cesa de ocupar e incluso ganar posiciones. No se trata de una propuesta te rica ni iluminista, sino que es un proyecto político que podemos hacer en las universidades, fuera de las universidades, también, en las calles y en las comunidades, pero radica en la posibilidad cierta de manejar criterios, argumentar fundamentos y sobre todo de tomar posiciones”. Aspiramos entonces, a que todes podamos releer nuestras prácticas, para pensar a los/las adultos mayores como sujetos de derechos y no como meros objetos de intervención, “...por parte de instancias políticas, técnicas, administrativas, sindicales y/o religiosas, con intenciones tutelares e incluso disciplinarias” tal como se plantea en el texto “Contribuciones para un Geroactivismo del Sur”.

Ponernos en el lugar del otro, ser un sujeto vulnerado en sus derechos quien logra luego de años y años obtener su escritura y le piden sacarse una foto para que el/la político de turno se beneficie de la imagen “tierna”. O, ser un/una sujeto, que en búsqueda de su derecho a la vivienda, es acompañado en un proceso “tierno” donde con trato digno se lo acompaño a la obtención de su escritura, por medio de procesos simples, cortos y acordes a la etapa de su vida, y logrado ello, se celebre el acontecimiento con una imagen que sintetice un nuevo modelo estatal no edadista.


Bibliografía:

OEA. (2015). Convención Interamericana sobre la Protección de los

DDHH de las Personas Mayores.

Fernández, J. M. F. (2005). La noción de violencia simbólica en la obra de Pierre Bourdieu: una aproximación crítica. Cuadernos de trabajo social, 18, 7-31.

Morin, E., & Pacman, M. (1994). Introducción al pensamiento complejo. Editorial Gedisa.

Yanguas, J. (2021). Los retos de la vejez en el siglo XXI. En: Pasos hacia una nueva vejez: los grandes retos sociales y emocionales de la madurez. Ediciones Destino.

Barbieri, Pablo Carlos (2014). Derecho a la imagen personal en el nuevo Código Civil y Comercial: un paso adelante.

Código Civil y Comercial, Artículo 53. Sobre derecho a la imagen.

Clase 1 y clase 4 del Curso: “Uso del Lenguaje Inclusivo en la Comunicación Pública para Trabajadoras y Trabajadores del Poder Ejecutivo. Ministerio de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual”. Provincia de Buenos Aires.

Orden, Roberto 29/7/13: “Uso y abuso del concepto de complejidad”.

Orden, Roberto 14/10/22 “Contribuciones para un Geroactivismo del Sur”.

Cortometraje Documental del proyecto audiovisual #PonteEnMiLugar.

Material audiovisual: “Participación en salud en la Provincia del Chaco”. 23 de Junio de 2022. Vamos a Andar.

Material audiovisual: “La diversidad sexual no tiene edad. Norma y Ramona”. - Material audiovisual: “Día mundial contra el maltrato y abuso en la vejez”.

Colectivo Gerontológico ASISAC: “Sobre el Empobrecimiento de las Personas Mayores”.



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