El empobrecimiento de las Personas Mayores
El empobrecimiento de las Personas Mayores
por Lic. Lorena Yashan Galeano
En
el presente escrito planteo un Proyecto de Posicionamiento
ético-político con perspectiva de envejecimiento donde se manifiesta la
preocupación y se busca visibilizar el empobrecimiento de las personas
mayores.
En
nuestro país se evidencia una situación desfavorable hacia las personas
mayores que cobran jubilaciones nacionales mínimas otorgadas a través
de la Administración Nacional de Seguridad Social (ANSES).
Un
comunicado del Colectivo Gerontológico de julio de 2022, plantea que las
últimas actualizaciones de haberes, bajo la forma de aumentos
retroactivos y bonos no remunerativos, evidencian una situación
desfavorable hacia las personas mayores que cobran jubilaciones
nacionales mínimas otorgadas a través de la Administración Nacional de
Seguridad Social (ANSES).
La inflación impacta directamente en
las jubilaciones mínimas, y ocasiona una brecha cada vez mayor si se
compara con el salario mínimo vital y móvil establecido por el Consejo
Nacional del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo, Vital y
Móvil, y con la canasta básica de los jubilados estimada por la
Defensoría del Pueblo de la Tercera Edad de la Ciudad de Buenos Aires.
Las
personas jubiladas en esta última condición representan más del 50% del
total de haberes previsionales cubiertos por ANSES; por lo que
asistimos a un empobrecimiento progresivo de este sector poblacional.
Culturalmente,
ha prevalecido una visión de la vejez que tiende a identificar a las
personas mayores como un grupo poblacional supuestamente homogéneo
caracterizado por la inactividad, improductividad y dependencia. De
hecho se la denomina “población pasiva” para hacer referencia a la
población que deja de producir bienes, es decir que deja de ser
económicamente activa.
Nuestra sociedad promueve una cultura
edadista que se filtra en las relaciones de poder, en los vínculos y
hasta en los discursos cotidianos. Se han venido moldeando sujetos y
prácticas, orientadas a desvalorizar, secundarizar e impugnar a las
personas viejas en la comunidad. Lo peor del caso es que las personas
mayores, prestan su anuencia y acatamiento a dicha práctica de
adiestramiento, con sensibilidad y especificidad para rechazar a este
colectivo. De hecho me pasa a mi misma que este año cumplí 50 años y lo
primero que hice fue comenzar a pagar un seguro de retiro, adelantándome
a mi jubilación, como si no existieran mas posibilidades laborales
llegados los 60/ 65 años. Este taller me permitió tomar conciencia de
como percibimos como naturales conductas y comportamientos que hemos
internalizado en nuestro proceso de socialización –en la familia, la
escuela, la industria cultural, los espacios de trabajo, entre otros– y
que se nos han hecho propios a través de la expresión en el lenguaje y
los sesgos mediante los cuales muchas veces miramos el mundo y tomamos
decisiones. (violencia simbólica- Pierre Bourdieu) y como yo misma
estaba respondiendo a ello.
El aumento de la longevidad y las
mejores condiciones físicas y mentales de las personas mayores para
continuar trabajando, el retiro obligatorio del mercado laboral a una
edad temprana, la crisis de solvencia económica que han sufrido en las
últimas décadas las instituciones que brindan servicios a los adultos
mayores, entre otros factores, han dado cuenta de un grupo importante de
la población que habiendo alcanzado los 60 o 65 años, umbral de edad
que establece arbitrariamente el cese de la vida laboral, continúan o
desean continuar realizando una variedad de actividades productivas y
contribuyendo significativamente al desarrollo y bienestar de la familia
y la sociedad.
Se trata de adultos mayores que no ejercen tan
solo como abuelos; también viajan, estudian, trabajan, se sienten vivos,
disfrutan, son partícipes y constructores activos de su entorno,
demostrando así que la edad avanzada puede ser un período fértil para
seguir creciendo y proyectando
El envejecimiento es un proceso de
crecimiento gradual, natural e inevitable. No se envejece de la misma
manera, es una experiencia variable y diversa que comprende personas
mayores con necesidades, características e intereses diferentes. La
diferencia entre un sujeto y otro se hace notoria, por lo tanto las
repercusiones que tiene en la subjetividad también son particulares en
cada sujeto.
El nuevo paradigma en torno al envejecimiento y a
la vejez apunta a la plena realización de todas las dimensiones del ser
humano, no sólo a un buen estado de salud, sino a la participación
social, a la realización personal. Es por ello que el término elegido
para designar este nuevo modelo es “Envejecimiento Activo”. Es el
“proceso por el cual se optimizan las oportunidades de bienestar físico,
social y mental durante toda la vida con el objetivo de ampliar la
esperanza de vida saludable, la productividad y la calidad de vida en la
vejez” (OMS, 2002: 79). Dicho concepto fue introducido en el Plan de
Acción sobre Envejecimiento 2002 (APDH, 2002). Desde la Organización
Mundial de la Salud se sostiene que si se quiere hacer del
envejecimiento una experiencia positiva, una vida más larga debe ir
acompañada de oportunidades continuas de autonomía y salud,
productividad y protección.
El trabajo es un elemento de
socialización y de inserción social pues permite crear lazos, generar
involucramiento y un sentimiento de pertenencia, establecer relaciones
interpersonales, conformar un colectivo de trabajo, redes sociales, etc.
Es decir que, el trabajo, desde una concepción renovadora, tiene una
dimensión social: es una actividad que liga al sujeto a la comunidad;
organiza el mundo social del adulto y permite satisfacer las necesidades
de reconocimiento, seguridad y sentimiento de pertenencia a un grupo
(Neffa, 2003).
Tal es la importancia del trabajo en la en la
constitución de la identidad personal y ocupacional que la Convención
Interamericana Sobre La Protección De Los Derechos Humanos De Las
Personas Mayores, la cual Argentina aprobó mediante la Ley 27.360 de
2017, en su Artículo 18 se refiere al Derecho al trabajo: “La persona
mayor tiene derecho al trabajo digno y decente y a la igualdad de
oportunidades y de trato respecto de los otros trabajadores, sea cual
fuere su edad.” Para ello los Estados Parte adoptarán medidas para
impedir la discriminación laboral de la persona mayor, prohibir
cualquier distinción que no se base en las exigencias propias de la
naturaleza del cargo, plantea que el empleo o la ocupación debe contar
con las mismas garantías, beneficios, derechos laborales y sindicales, y
ser remunerado por el mismo salario aplicable a todos los trabajadores
frente a iguales tareas y responsabilidades. Los Estados Parte deben
adoptar las medidas legislativas, administrativas o de otra índole para
promover el empleo formal de la persona mayor y regular las distintas
formas de autoempleo y el empleo doméstico, con miras a prevenir abusos y
garantizar una adecuada cobertura social y el reconocimiento del
trabajo no remunerado y promoverán programas y medidas que faciliten una
transición gradual a la jubilación, también promoverán políticas
laborales dirigidas a propiciar que las condiciones, el ambiente de
trabajo, horarios y la organización de las tareas sean adecuadas a las
necesidades y características de la persona mayor. Por ultimo alentarán
el diseño de programas para la capacitación y certificación de
conocimiento y saberes para promover el acceso de la persona mayor a
mercados laborales más inclusivos.”
A pesar de lo anteriormente
descripto, nuestra sociedad no solo reduce los espacios laborales y de
participación para las personas mayores, sino que el retiro obligatorio
del mercado laboral se da a una edad temprana considerando la esperanza
de vida promedio. En lo que respecta al lugar de trabajo, los sesgos
etarios atentan contra la posibilidad de construir culturas laborales
más inclusivas, que se nutran de la convivencia intergeneracional. Son
múltiples los beneficios de los equipos de trabajo con diversidad de
edades: aprendizajes sobre distintas experiencias y recorridos, lógicas
complementarias, nuevas miradas y enfoques, así como diversas maneras de
afrontar dificultades y desafíos. Por otra parte, El retiro laboral
confronta al sujeto con la pérdida del grupo de referencia y la
pertenencia a una institución, lo cual puede generar sentimientos de
soledad y aislamiento.
Como fenómeno social estos hechos
requieren de una mirada desde el paradigma de la complejidad, de un
abordaje interdisciplinario y del diseño de estrategias integrales.
Al
haberse extendido la esperanza de vida, restan muchos años luego de la
jubilación en los que se dispone de mayor tiempo libre. Sin embargo,
debido a la pérdida de un proyecto laboral, que seguramente ha abarcado
gran parte de la vida, se producen reorganizaciones en la constitución
de la identidad personal y ocupacional, lo cual requiere elaborar
cuestiones relacionadas con la pérdida de un lugar social de
pertenencia, del ámbito socializador del trabajo y fundamentalmente la
posibilidad de elaborar nuevos proyectos. Aisenson plantea que “la
manera en que el individuo sobrelleve esta etapa del ciclo de vida
dependerá de la identidad que logró constituir y del apoyo social
recibido (…) así como de las posibilidades de construir y redefinir
proyectos, a partir de la visualización de los propios recursos y la
movilización de estrategias que permitan ponerlos en marcha” (Aisenson,
2002:113).
Una de las estrategias implementadas frente al retiro
laboral y las consecuencias de éste consiste en la elaboración de
programas de preparación para la jubilación, como “El Plan Nacional de
Preparación para el Retiro Laboral”. Dichos programas apuntan a
facilitar un período de adaptación y que el cambio no sea abrupto. Es
por ello que se acompañan generalmente de una reducción de la jornada
laboral, primero en horas, luego en días, hasta que se consuma
definitivamente el cese.
Sin embargo, son actividades que pueden
ser vividas como impuestas, dejando en un lugar de pasividad al sujeto,
sin posibilidad de repreguntarse e interrogarse sobre intereses,
motivaciones y deseos. Es decir, que son actividades que apuntan a la
integración, no elegidas, ni resignificadas.
Propongo el Modelo
Teórico Operativo en Orientación desarrollado por la Dra. Gavilán, que
podría hacer de esta etapa un período de apertura a nuevas oportunidades
de desarrollo y realización personal, y facilitar la comprensión sobre
la elaboración de proyectos en adultos mayores. Les permitiría
mantenerse activo, empleando las capacidades y habilidades de las que se
dispone, valorar la propia experiencia, la constante actualización y
renovación de intereses y motivaciones. Tales acciones situarían al
adulto mayor como verdadero partícipe, protagonista; para ello es
menester que las estrategias estén orientadas a procesos de
empoderamiento y no estrategias autoritarias que coarten el poder de
decisión y la autonomía de las personas mayores. “Si a la vejez ya no la
pensamos como un punto de llegada sino como nuevos caminos que se abren
y diversifican” (Zarebski, 2008: 85) vislumbraremos los aportes que
podría hacer la intervención orientadora en este campo. En cambio, lo
fundamental de la orientación es que el sujeto pueda decidir dónde
incluirse, no incluirse donde decidieron por él.
Es es posible
anticipar la importancia y significación que tienen las intervenciones
orientadoras ya que contribuirían favorablemente a:
- reconocer las
significaciones del imaginario social que operan como obstaculizadores;
detectar distorsiones y hacerlas visibles a fin de intervenir
preventivamente;
- identificar recursos y habilidades personales con el propósito de fortalecer la autoestima en el reconocimiento de sí mismo;
-
incluir los campos de salud, de educación, laboral-económico y de
políticas sociales a fin de informar a los adultos mayores sobre las
ofertas que se brindan en cada uno de ellos;
- recuperar y capitalizar las experiencias vividas y resignificarlas;
- revisas intereses y motivaciones;
-
reflexionar sobre esta etapa de la vida con el propósito de comprender
los cambios, haciendo hincapié en las adquisiciones y no sólo en las
pérdidas ocurridas en el proceso de envejecimiento;
- acompañar a los sujetos en la reorganización de su identidad;
- promover la elaboración y concreción de proyectos educativos, laborales, personales y sociales.
La
Orientación podría hacer de esta etapa un período de apertura a nuevas
oportunidades de desarrollo y realización personal, y podría facilitar
la comprensión sobre la elaboración de nuevos proyectos, pues
contribuiría a modificar algunos factores que obstaculizan dicha
elaboración y concreción.
Podría resultar una intervención eficaz
para alentar el desarrollo de sus potencialidades tratando de minimizar
las posibilidades de exclusión social, sostenidas generalmente por
representaciones sociales ligadas a la estigmatización y desvalorización
en relación al envejecimiento y a la vejez.
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https://www.anses.gob.ar/informacion/plan-nacional-de-preparacion-para-el-retiro-laboral
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Elaboración
de proyectos en adultos mayores: aportes de la orientación. Ciano
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http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1851-88932010000100004
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